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LOS MAPUCHES

A los ojos del pueblo mapuche,
el mundo está perfectamente equilibrado entre Ngenechen, dios de la vida, la creación y el amor y Wekufu, dios de la muerte y la destrucción. Los mapuches atribuyen a Wekufu la llegada de Cristóbal Colón, así como, la destrucción y el sufrimiento de su pueblo. De igual forma, atribuyen la llegada de los españoles en busca de oro a Wekufu, debido a que estos esclavizaron a los indígenas e invadieron sus terrenos.

Originalmente, los mapuches vivían desde el Valle del Aconcagua hasta la isla
Grande de Chiloé. Hacia el oeste se expandían hasta la Patagonia
Argentina. Los mapuches u “Hombres de la tierra”, estaban acostumbrados a la
práctica de la pesca y la caza. Además, poseían tierras suficientes para subsistir , por lo que no tenían problemas.  

Las mujeres a su vez cumplen un rol importante en el sistema mapuche. Algunas de ellas se pueden comunicar con los dioses de la vida, a estas mujeres se les conoce con el nombre de Machis. Y el nombre que reciben aquellas que poseen un buen conocimiento de los dioses de la muerte se les llama Kalku. La cultura mapuche también es rica en su folklore, poseen sus propios instrumentos musicales tales como la Trutruca y el Kultrun, los cuales son utilizados durante sus ceremonias. Además, poseen su propio idioma, el Mapudungun. Al jefe de esta sociedad, se le conoce como Lonko o Cacique, él está a cargo de su extensa familia o comunidad. 

Cien años de guerra entre mapuches y españoles no produjo los frutos que estos últimos esperaban. En un comienzo, el terreno mapuche fue reducido al sur del río Bío Bío, pero, finalmente, los españoles tuvieron que retirarse, debido a la fuerte resistencia ofrecida por los mapuches. Esta situación molestó mucho a los españoles, por lo que los historiadores comenzaron a referirse acerca de los mapuches como salvajes y violentos, para así poder justificar su pérdida.

Al mismo tiempo, un hombre clave se convertiría en Toqui, su nombre era Lautaro. Debido a que había sido prisionero de los españoles y había trabajado para el conquistador Pedro de Valdivia aprendió a hablar castellano y adquirió conocimientos sobre técnicas de guerra. Con toda esta preparación, Lautaro sabía que los españoles no eran dioses indestructibles montados a caballo, como la mayoría de su pueblo creía, sino que podían ser vencidos con la táctica de guerra correcta. Por lo que, apenas se escapó, transmitió todo el conocimiento adquirido a u pueblo. Primero, adiestró a los mapuches para montar muy bien a caballo, una vez aprendida esta técnica, les enseñó las tácticas de guerra, las que hoy en día se conocen como “guerra de guerrillas”. Lautaro utilizaba al lado de cada jinete una persona que la reemplazaba cada veinte minutos, para así dar nueva energía a sus guerreros. Los mapuches, por poseer una mayor cantidad de guerreros pudieron emplear este método para superar a los españoles cuando estos se cansaban.

Este tipo de táctica llevó a los Mapuches a expandirse nuevamente hasta las cercanías de Santiago. Sin embargo, cuando las fuerzas mapuches se preparaban para asaltarlo, su joven líder fue asesinado por un miembro de una tribu de alianza. Los mapuches quedaron desastrados por la noticia, decidieron volver a sus casas y defender sus fronteras, una lucha que duró trescientos años más. Lautaro, aún es un símbolo de la lucha por la libertad del pueblo mapuche.
En 1881, los mapuches comenzaron su último ataque en contra de la República de Chile, debido a que el gobierno independiente continuó repartiendo el territorio. A pesar de tener poco éxito contra las armas modernas de la milicia chilena, los Lonkos se unieron, su lucha se recuerda como un símbolo de valentía y el deseo de mantener sus territorios. Una vez, que los mapuche fueron vencidos, sus territorios pasaron a manos del Estado. Este a su vez les entregó tierras, de acuerdo a sus normas, dentro de áreas denominadas reducciones. Mientras, a los colonos se les entregaba entre cuarenta y cuatrocientas hectáreas, las familias mapuches recibían un promedio de seis a veinte hectáreas, las cuales en gran parte correspondían a terrenos infértiles. Mientras en 1540, los terrenos de los mapuches llegaban a los 31 millones de hectáreas, hoy en día estas han sido reducidas a sólo 350,000 hectáreas.

Desde el año 1900, se han aplicado tres principales estrategias para tratar con el pueblo mapuche. Primero, incentivado por los misioneros, el gobierno chileno intentó integrar y absorber la cultura mapuche a través de la educación y la religión.

Segundo, la idea de semi-integración, la que intentó e intenta mantener sus 
tradiciones activas y al mismo tiempo lograr que el pueblo mapuche se adapte a las exigencias de la sociedad moderna. Hoy en día, algunas escuelas practican estos principios, un ejemplo de ello es la enseñanza del español junto al mapudungun. 

Tercero, Manuel Aburto Manquilef, lideró por su parte un grupo que se resistía a la integración. Ya que reclamaban su propia identidad como pueblo mapuche. Debido a este movimiento, las tradiciones antiguas se reactivaron y se organizaron congresos para ampliar la voz mapuche y dar alianza entre su causa y la lucha por la igualdad de oportunidades entre pobres y ricos. La Federación de Obreros de Chile (FOCH) fue la encargada de ser la voz de los mapuches en Santiago.

La gran mayoría de las familias que hoy habitan los terrenos ancestrales, intentan
sobrevivir con una producción de auto-subsistencia en propiedades que no
sobrepasan en promedio las 3 ó 4 hectáreas. Estas familias, aisladas de los
mercados, sin la infraestructura necesaria, con escaso transporte público, viven de una agricultura de subsistencia basada en la producción de cereales, legumbres y escasa crianza de ganado menor. La mayoría de estas propiedades no cuentan con electricidad y agua potable, además, es muy difícil para ellos acceder a la educación secundaria, lo que hace aún más difícil el encontrar empleos remunerados. Aunque, la emigración a la capital del país, Santiago, es considerable, la novena región aún posee la mayor cantidad de población mapuche del país.  La constante pérdida de recursos naturales, la erosión del suelo, la deforestación, las técnicas erradas de agricultura, etc. amenazan constantemente su territorio y la vida de sus habitantes.

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